Caminando por las ciudades argentinas se pueden pensar muchas cosas, recordar las calles que alguna vez te acojieron y de las miles de calles que vas a conocer en tu vida, de las plazas que parecen hablar un idioma universal juntando a personas en las que vez lo que alguna vez fuiste. No es natural caminar sin saber a donde se va pero se da por naturaleza en muchas personas, soy una de esas personas que no piensa en ir de A a B sino en las hojas que se van pisando en un otoño
Los nombres cambian y no son solo palabras, sino el eco de todas las personas que la recorren, este pez que encuentra en cada esquina una cancion se quedo corto al ver que todos los cliches se cumplen, que caminando por la rioja (la calle jeje) es posible encontrar la vitrola que llora de la que ese viejo tango nos habla, y que al llegar a la casa un, hasta el momento, perfecto desconocido se sentara a la mesa contigo para tomarse un mate y disolver horas conversando de todo sin decir nada. Hay personas y lugares que no se conocen sino que se reconocen porque a pesar de no haber estado nunca en esa plaza o junto a ese arbol habia algo dentro de ti que esperaba ese espacio para sentarse en una banqueta y recordar a los que estan lejos, a los que llaman, a los que te sacan la sonrisa a mas de 4000 kilometros, que al fin de cuentas son tan especiales que mientras mas lejos estas de ellos mas te los encuentras en cada esquina, en cada plaza, en cada taza.
No por estar en argentina es que el pez se pone cortazariano pero ayuda estar en tierra de gauchos para entender la melancolia y la felicidad en las palabras de aquel.
Hay mucho que contar, en cada cuadra una historia y cada salida un libro pero no hace falta perturbar este ritmo, esta pseudo prosa artistica que se armo casi sin pensarlo, ya te pido que en otro momento encuentres timpo para este blog, que la siguiente historia viene de las paginas de una novela negra, con un villano, un heroe y un plato de ravioles ...
Hasta la proxima - Pez N.
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